Cannabis Magazine 200

Literatura psiquedélica

A esto le siguió la calma, ligeramente perturbada por las risas, “largas risas sofocadas, sin objeto alguno”, que eran “más bien fastidiosas por el sin motivo”. Además de la falta de voluntad demovimiento, el cambio de sensaciones térmicas, la risa incontenible o la necesidad de fijar la vista en algo, el peor efecto fue, sin duda, para Quiroga el terror de sentirse morir (como él escribe “sensación exacta de que me moría”): “Quedé solo en el cuarto. ¡Qué veinte minutos! Salí al balcón, tambaleándome, desesperado de morir. Al fin no pude más y me senté en la cama, echado contra la pared, cerré los ojos, creyendo no abrirlos más”.

oriente, extracto de cáñamo con otras sustancias “poco menos conocidas”), usa “extracto de cannabis indica”, a la venta en farmacias por entonces. Un amigo farmacéutico, se lo despacha en forma de píldoras. Tras agarrar dos de 0.1 centigramos cada una, cuenta que sube a la primera sede del Consistorio del Gay Saber en Montevideo para tomarlas. Allá le espera su amigo médico, Alberto Brignole, que le va a acompañar y vigilar durante el viaje. Después de dos horas a la espera de cualquier síntoma que no llega, Quiroga se impacienta y decide regresar a la farmacia de su amigo y aumentar la dosis. Mantiene que

“ T RECE HORAS ESTUVO Q UIROGA DE VIAJE DE HACHÍS

Llegó a llamar a un médico, que se fue como vino, ya que “no había nada que hacer” 6 . Quiroga sentía que había lle- gado su hora, pero no. Volvían las alucinaciones

llega a ingerir dos bolillas más de hachís, pero estas de 0,5 gramos. No dicen los mismo sus propios biógrafos 5 , que lo acusan de exagerar la dosis: ellos afirman que solo tomó

cuarenta centigramos de extracto graso, mientras Quiroga recuerda la cantidad de un gramo y pico, suficiente, según sus propias palabras, “para matar a dos individuos”. A lo mejor exageraba un poco. El asunto es que quería viajar y le dieron alas. Escasa media hora había pasado desde la segunda ingesta, cuando: “de pronto y de golpe los dedos de la mano izquierda se abalanzaron haciamis ojos, convertidos en dosmonstruosas arañas verdes. Eran de una forma fatal, mitad arañas, mitad víboras, qué sé yo, pero terribles”. A las alucinaciones le siguieron otros efectos físicos, como la aceleración del latido del corazón, sensación de angustia, “de dejar la tierra”. Y ya no había monstruos que lo aterrorizaran, sino que su lugar lo había ocupado: “una atención sufridora que se fijaba en cada objeto por diez o veinte segundos, sin poder apartar la vista”.

animales a abalanzarse sobre él y tuvo que sufrir los envites de un calentador empecinado en atacarle y la pre- sencia incómoda de un Brignole transformado en leopardo verde que le vigilaba. Trece horas estuvo Quiroga de viaje de hachís. Mientras tanto su amigo Brignole no lo estaba viviendo igual. Este aportó sus anotaciones, que fueron añadidas al final de cuento como testimonio científico y aséptico que contrasta con las sensaciones subjetivas de Quiroga. Como Iguiniz bien resume, gracias a este recurso, Quiroga logra “una aleación que oscila entre la fría objetividad del positivismo científico y la primera persona del registro de cuño autoficcional” 7 . Esta pretensión de objetividad lo aleja precisamente de los escritores modernistas, más interesados en explorar sus mundos interiores. Aunque, como también nos cuenta “

Fotograma de Horacio Quiroga, El desterrado (bit.ly/2VsuOfY)

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